Toda ida tiene su vuelta y después de la paliza recibida y siendo toda una semifinal la sed de venganza era terrible. Tan terrible que no tuvimos más remedio que realizar varias "concentraciones" (con todo lo que ellas conllevaban) entre semana para llegar en buena forma al partido del domingo. Descubrimos además, que cuanto más se calentaba Luisico, más goles metía en los partidos del poli que haciamos todos los días ( "a las 20h en el poli"), así pues nos teníamos que asegurar de que en la concentración del sábado, el vaso de Luis siempre estuviese lleno. Necesitábamos también que "El Erizal" fuera una olla a presión, y Bernardo pensó que si haciamos unos cartelicos, igual la gente se animaba más a bajar al campo. Y dicho y hecho. Era la excusa perfecta para juntarnos por la noche entre semana y echarnos unos cuantos litros entre pecho y espalda. Los cárteles se hicieron y se repartieron por los distintos bares de la población e incluso se llegaron a pegar en las columnas de la Paciencia para que así todo el mundo lo viera (¡quién no se pasaba todos los días por los bancos de la paciencia...!). Todo estaba preparado. En la concentración del sábado se bebió y se cantó como nunca. El equipo tenía que ser una verdadera piña y desde el primero hasta el último teníamos que estar convencidos de que la remontada era posible, al fin y al cabo, ¿no se remontaban también cotos con 4 a 0 en contra?, pues este partido iba ser como un guiñote y hasta el último arrastre, todo era posible.
La duda de la portería se disipó a lo largo de la semana, ya que Fernando no podía estar el domingo (creo que le vino muy bien mi aparición) y por tanto yo debutaría con picadores en el pueblo y ante mi afición. ¿Nervios? Si los había se diluyeron en la Voll Damm o en litros y litros de Swcheppes de limón, que era lo que yo bebía por aquella época. Lo que si estaba seguro es que el partido de vuelta iba a marcar un antes y un después en el equipo, y no, no era por que iba a jugar yo, era por tal y como veía a la gente de convencida de que sabían que eran buenos en lo suyo.
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